La caja de ideas de oria: Soria, Madrid, Islandia, Nueva York…

Archivo para 24/12/2008

Historia de un cabrito

Estas Fiestas van a ser distintas. Me quedo en Estados Unidos.  Mis primeras Navidades fuera de la familia. Pero las pasaré con la que parece que es mi familia de aquí. Aunque suene raro llamar familia a alguien al que conocí la semana pasada o que tras cinco minutos de conversación le haya invitado alguien a pasar con nosotros la Navidad. Nadie quiere pasar sólo la Nochebuena y por eso las invitaciones se suceden. A mi me quitaron un peso de encima cuando me invitaron hace mes y medio. Punto y a parte los dos washingtonianos que tienen la beca Integrants y sin ni siquiera haber hablado con ellos se vienen a pasar la Nochebuena con nosotros. Todo fruto de Facebook y Spaniards.

El fin de semana pasado fuimos a comprar la cena para Nochebuena a un supermercado de Hoboken donde cenaremos. Estaba completamente decidido que se iba a cenar al estilo neoyorquino: encargar el plato principal a un restaurante.  Pero una de las últimas adquisiciones decidió preguntar cuanto costaban unas chuletas. Eran caras, y con la experiencia que da el haber vivido dos años en Manhattan le preguntó por lo bajo por cuanto nos la dejaba a nosotros. El carnicero, que resultó ser portugués, nos reconoció  el acento y nos preguntó si éramos gallegos. Hablaba español. Dudó y nos dijo que el producto era de muy buena calidad pero caro. Que en Newark, donde él vivía lo podríamos conseguir más barato. Le dimos las gracias pero que no teníamos coche. Nos miró y dijo que nos llevaba en su coche cuando acabara a las 19:15. Que es Navidad. Nos miramos y dijimos que sí (la nueva adquisición es alto y fuerte). El carnicero se puso a llamar para preguntar si tenían la carne que queríamos. En todas las carnicerías las costillas estaban agotadas. Nos preguntó si nos gustaba el “lamb” (según el diccionario cordero, según la nueva adquisición cabrito). Ante nuestra afirmación empezó a llamar a varios lugares.  Mientras se fueron dos a comprobar que el horno de la casa funcionaba. De repente lo encuentra y me dice que se piensan que es para él y le han hecho un precio especial: 16 libras por 110$, es decir casi 7 kilos y medio y somos 12 personas. Los del horno no volvían y tenía que contestar, el precio nos parecía muy bueno. Dije que sí. Al final el horno funcionaba.

A la hora indicada una chica, la nueva adquisición y yo fuimos a buscarle al supermercado. El chico se sintió intimidado y me hizo sentarme delante. El carnicero portugués empezó a hablar de su esposa, el tiempo que llevaba viviendo en los Estados Unidos y de sus hijas. De vez en cuando agradecía a Dios todo lo que tenía. La nueva adquisición era tan parlachín o más que el carnicero portugués. En el supermercado nos despiezaron el cabrito y yo encontré laurel por 1$, el cual cuesta 6$ en Manhattan. Después nos llevó a una licorería y compramos vino para aderezar el cabrito y otras bebidas.  El supermercado y la licorería eran de dueños portugueses. En la licorería le regalaron una botella de vino al carnicero por llevarle clientes. A estas alturas la nueva adquisición tenía tal confianza con el carnicero portugués que lo mandé sentarse de copiloto. El carnicero portugués seguía alabando a Dios de vez en cuando. De vuelta a casa, se ofreció a dejar a la nueva adquisición en el tren pero declinamos su ofrecimiento.

Esta noche soy una de los chefs encargados de cuidar el cabrito en el horno. Crucemos los dedos.

¡Felices Fiestas a todos!

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