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Dublín, donde comenzó todo

Llevo unos meses triste sin ganas de hacer nada, arisca. Aunque intento disimularlo y estar ocupada el puente de noviembre se me escapó por desidia y debía cambiarlo. Rauda compré un vuelo a Dublín. En Irlanda pasé un mes en 2004 a mejorar mi inglés pagado con los ahorros de la beca de colaboración de la UCM. No conocía a nadie y me iba sola. Estuve en un pequeño pueblo cerca de Dublín llamado Rush viviendo con una familia cuya madre era irlandesa pero que tras morir el marido dejó Londres con sus dos hijos y se volvió a su pueblo. El hijo mayor insultaba a la madre (aprendiéndolos yo) y el de 7 años empezó a tomar té conmigo sin yo incitarlo para sorpresa de la madre. En la casa también había un canario y un estonio que ostenta el premio que más calabazas he repartido. Fue la primera vez que pasaba tanto tiempo en el extranjero sin conocer a nadie y lo que abrió el gusanillo para futuras aventuras. Un año después me iba a Islandia. A este viaje sólo le pido descansar la mente. Espero perderme y volver a disfrutar perdida por calles que quizás me suenen los ratos que mi anfitrión esté trabajando.